El mismo proceso psicodramático requiere la incorporación de distintos roles a la escena surgida. Esto sucede porque a medida que se va formando la escena, el protagonista, acompañado del director, demanda que vayan apareciendo auxiliares para desempeñar distintos roles que surgen alrededor de esa nueva construcción.
Estos auxiliares, interactúan dentro de la escena con el protagonista, en el aquí y ahora, con un rol específico, que ha sido otorgado por él, guiado por el tele. Los auxiliares, en su actuación, facilitan que el protagonista se involucre en mayor medida en la representación psicodramática, permitiendo que se produzca más rápida la consciencia y exteriorización de emociones suprimidas. Ayudan a que el protagonista alcance un nivel de insight más profundo.
Moreno destaca tres funciones del yo auxiliar:
- Representar a la persona evocada según es descrita por el protagonista.
- Investigar, junto con el protagonista, la relación o situación conflictiva.
- Guiar al protagonista haciéndole ver otros aspectos de la persona que le causan conflicto y que actualmente no consigue ver. Esta función seria ser agente terapeútico.
Zerka Moreno (1978) señala estas cinco funciones del auxiliar:
- Representación concreta de algo. Para ello, debe estar atento a la entrevista del protagonista, seguir un pequeño caldeamiento vinculado a su rol (investir al rol) e ir captando cada señal que surja a lo largo de la escena. La improvisación durante la escena, tiende a intensificar el insight del protagonista al enfrentar un desafío novedoso que debe resolver de inmediato.
- Función de investigación: el auxiliar se convierte en coinvestigador, con el fin de suscitar reacciones espontáneas en el protagonista, que pueden surgir de él mismo o pueden ser incitadas por el director. Debe ir sondeando y ver si satisface con su rol al mismo. Si no fuera el caso, el director puede invertir los papeles para que el protagonista le muestre al auxiliar cómo tiene que hacer su rol.
- Función de profundización: dota de profundidad la escena, con el fin de que el protagonista cobre consciencia de la situación. El director le puede dar pautas en este sentido: hablar más bajo, gritar, insultar… con el objetivo de conseguir ciertas reacciones en el protagonista.
- Función terapeútica bajo la orientación del director.
- Función de conexión con la realidad para el protagonista en caso de que la pierda.
No siempre en todas las dramatizaciones se usa el recurso del yo auxiliar. Existe una técnica en la que no se usan auxiliares para la dramatización, el monodrama. Es el protagonista quien realiza todos los roles. Se usa en terapia individual ó en escenas compuestas por dos roles solamente.
Otro tipo de yo auxiliar usado es la silla auxiliar vacia. Este recurso puede representar al antagonista o soportar un ataque de cólera del protagonista, cosa que no podría hacer si se tratara de una persona. Se pueden usar dos sillas vacías como dos partes de la misma persona para escenificar el tránsito entre las dos: por ejemplo, la parte amable y obediente que habla con tu madre en una silla y en la otra la parte rebelde y violenta que habla con ella.
A veces también se usa el auxiliar mudo, que sólo nos proporciona su presencia, aunque en estos casos, el auxiliar suele ser invitado a abandonar la escena si no tiene que realizar ninguna acción específica.
Por último, me gustaría comentar ciertos momentos en que el público cobra relevancia y participa en la escena, de manera muy cercana a un yo auxiliar. Puede ejercer de coro (como si de teatro griego se tratara) y recitar en función de las indicaciones del director de la escena, incluso pueden confrontar al protagonista o no hacerlo poniéndose de espaldas a él.
También puede actuar como doble de los demás y expresar lo que no se ha verbalizado aún, incluso lanzando opiniones tipo “qué aburrido”, etc.
¿Cómo debe ser un yo auxiliar?, ¿debe tener “algo” especial?
Entre las cualidades del yo auxiliar estarían las siguientes:
Un yo auxiliar “útil” para la escena debe contar con un trabajo terapéutico previo para la solución de sus problemas, de tal forma, que no los confunda con los del protagonista a nivel emocional. Debe ser capaz de guardar la debida distancia para que no se vea afectado.
Debe contar con la sensibilidad precisa para captar el carácter de la persona que representa siguiendo las indicaciones del protagonista, así como cierta intuición clínica para invertir papeles a medida que avanza una escena. Ejemplo: pasar de la rabia al amor en el mismo yo auxiliar.
Debe ser empático y respetuoso, tener arrojo y valor en sus representaciones.
¿Qué pasa una vez que es elegido?, ¿cómo sabe qué tiene que hacer?
Una vez elegido el yo auxiliar, se “le dota de voz” a partir de varias técnicas, conocidas en su conjunto como caldeamiento del auxiliar. El protagonista le puede mostrar cómo actuar, invirtiendo su papel con él; el director puede darle también indicaciones, cumpliendo el principio del aquí y ahora, instándole a apropiarse del rol desde el mismo momento de ser elegido.
El auxiliar debe dejar llevarse por su intuición, como ya hemos señalado anteriormente, correr algún riesgo y seguir las indicaciones que protagonista y director le van dando a lo largo de la escena surgida.
Existe un yo auxiliar “especial”: el doble
Merece un apartado especial un tipo de yo auxiliar que para Moreno suponía un “alter ego”.
Es el auxiliar más importante del director del psicodrama, es su brazo derecho en la ejecución de la escena.
Este auxiliar debe contar con la suficiente sensibilidad para ser capaz de reconocer las emociones del protagonista que no terminan de aflorar o la hacen de manera indirecta o confusa.
Constituye la voz del protagonista, le representa a él (es su alter ego), mientras que el resto de los auxiliares representan a las personas de su entorno personal o social.
Es la expresión del superyo, del yo y del subconsciente del protagonista, en terminología freudiana.
Suele estar entrenado dentro del grupo. Se coloca junto al protagonista ó frente a él, de manera que éste le pueda ver.
Dentro de sus funciones, estarían las siguientes:
- Ser el alter ego del protagonista, mimetizarse con él, imitando gestos, posturas, todo.
- Expresar claramente aquello que aquel no puede.
- Cuestionar a modo de conciencia.
- Explorar en primera persona, discretamente, las relaciones afectivas.
- Ayudar a sopesar los pros y los contras, a modo de guía para el protagonista, mostrando solamente.
- Dar apoyo físico y moral al protagonista, que le llega a sentir como parte de él mismo (algunos autores, como Teo Herranz Castillo, denominan a esta función “contenedor emocional”).


