Veremos que durante la sesión psicodramática van apareciendo todos los elementos enumerados anteriormente en este blog: escenario, director, yo auxiliar, público y protagonista.
Se desarrolla a lo largo de tres etapas (Rojas-Bermúdez, 1997):
Comenzamos con el caldeamiento ó warming-up
Es la preparación para la acción (Bello, 2000) que supone la representación de la escena posterior. Es la fase donde aparece el emergente grupal que será el protagonista de la escena en la dramatización, la fase posterior.
Según Agustin Moreno (1998), esta fase tiene como objetivo preparar al director, al grupo y al protagonista para hacer una representación dramática de sus problemas.
Blatner (2005) nos dice que en esta fase se procura un incremento paulatino de la espontaneidad y participación, con el objetivo de que emerja esa persona dispuesta a trabajar. Según este autor, resulta contraproducente el no llevarlo a cabo, ya que nos introduce de manera gradual y natural en el proceso.
Puede ayudar mucho en el proceso el movimiento y la improvisación, de cara a que surja esa espontaneidad.
El director, en esta fase, debe ser capaz de ganarse la confianza y simpatía del grupo; ser franco; dejar entrever ciertos rasgos propios y transmitir sensación de autenticidad y calidez. Su conducta en esta etapa sirve de modelo para el grupo: limites sobre el humor, distanciamiento, respeto… Todo esto fomentará la confianza con el grupo y permitirá que se cree un espacio seguro e inofensivo en el que puede surgir la espontaneidad de los miembros.
El director, además, realiza un calentamiento mental para lo que puede surgir después.
El caldeamiento puede ser inespecífico: informal, surge de la conversación grupal un tema concreto, invitados por el director; ó puede ser específico: el grupo va centrando su atención de manera espontánea en ese tema, existe un clima emocional común.
A veces, se utilizan distintos recursos y técnicas, como pueden ser juegos, psicodrama interno, música, expresión corporal… con la intención de crear un ambiente propicio para la dramatización.
De una u otra forma (pueden usarse varias juntas), el grupo comienza a sentir y se va preparando para la siguiente etapa.
Pasamos a la dramatización
Se trata de la representación de la escena como tal. Puede ser individual, si se trabaja con una persona protagonista o grupal si se trabaja a nivel sociodramático.
En esta fase, se interpretan los distintos roles por parte de los auxiliares elegidos. Recordemos que son elegidos en función del tele que siente el protagonista hacia ellos, para representar un rol concreto, en ese momento.
Se movilizan emociones, siempre encaminados a resolver el conflicto que plantea el protagonista o a producir cambios en él.
No existe un guion establecido, a diferencia del teatro. El psicodrama, a través del teatro, permite conectar de nuevo con la parte lúdica del ser humano: interpretar otros roles, hacer “como si”, como cuando éramos niños mediante el juego espontáneo.
Esta fase permite ampliar significativamente lo trabajado frente a una terapia convencional. El nivel de detalle, la participación grupal… permiten llegar al protagonista a ciertos insight y recuerdos que no se hacen conscientes tan fácilmente. La escena llega a convertirse en una vivencia real muy intensa, donde los límites entre fantasía y realidad se diluyen.
Moreno nos indica varios requisitos para que una dramatización sea terapéutica:
- Alcanzar cierto grado de espontaneidad (entendida como una respuesta nueva, más adecuada y actual a una situación antigua), que le permita dejar de depender de roles introyectados y culturales.
- Obtener una buena puesta en escena. El director es el encargado de dar forma a las palabras del protagonista. Su material verbal ha de cobrar forma en el escenario.
- Compromiso afectivo y emocional por parte de todos los participantes, sobretodo del protagonista (principio de participación-involvement).
- Externalizar e interpretar los diferentes personajes, concretar las imágenes (principio de realización).
- Introducir cada indicio que de el protagonista en la escena.
- No perder el contacto con el auditorio.
- Mantener la congruencia entre dramatización y línea vital del protagonista.
Cerramos con el eco (palabra clave – resonancia)
Momento que comparten todos los miembros del grupo tras la escenificación. Se comparten sentimientos, recuerdos, emociones que han sido evocadas en la fase anterior, ya sea como público, yo auxiliar, protagonista. Todo el grupo es invitado a expresarse si así lo desea.
A veces puede surgir un nuevo protagonista a raíz de esto. Zerka Moreno lo describe como el “momento en que habla el corazón”.
Es importante en esta fase compartir desde el yo ( “siento que yo…”), hablar siempre en primera persona de lo que se ha vivido durante la escena, para no disfrazar los sentimientos.
En la fase anterior, se considera al protagonista como emergente del grupo. En esta fase del eco, se considera al grupo como emergente del protagonista. El terapeuta (director) en este momento trabaja sobre el material compartido por todos los miembros.
Este es el momento donde el protagonista puede encontrar apoyo en el resto de los miembros tras haberse sentido expuesto. Mediante la resonancia afectiva puede comprobar que no está solo y que su problema es más habitual de lo que piensa. También en este momento, el grupo le proporciona una devolución de lo vivido que puede modificar o ampliar su propia visión.
Constituye el momento de la terapia de grupo como tal.
En los grupos de formación existe una cuarta fase: el procesamiento escrito.
Hay una cuarta fase, llamada procesamiento que se da en los grupos de aprendizaje solamente. Se da la indicación a los alumnos de revisar de manera escrita lo vivido durante el psicodrama, integrando a su vez conceptos teóricos y técnicas.


